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Just a little taste of what used to be || Faberry 

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Decir que el aroma de Rachel la estaba embriagando sería decir poco. Era un esencia que encendía cada uno de sus sentidos en un mil por ciento. Cada cosa, cada sentir y cada percibir de su ser se tornaba más nítido y claro, y ese era un sentir más que placentero para Quinn. Una risa ronca escapó por sus labios al tiempo en que acortaba la distancia entre sus cuerpos y colocaba una mano en la cintura de Rachel para cerrar cualquier tipo de pequeña proximidad hacia la chica.  Quizás lo haga, quizás no. – Susurró con sensualidad en su oído para después presionar sus labios de manera suave y firme contra la parte trasera de su oreja, recorriendo ese pequeño punto cálido de pulso con la punta de su lengua y asegurándose que cada uno de sus movimientos fuera lento y retador. No creo que tengas en mente lo que yo te puedo dar por tus galletas, sólo tus galletas. – En su interior esa flama que parecía invadir su persona cada vez que se encontraba en una posición como la de ahora frente a la morena comenzaba a crecer. Era un deseo, una pasión por poseer a Rachel que se tornaba incontrolable si se le retaba demasiado. Era un sentimiento que nadie jamás había ejercido en ella; ni su prometido ni nadie más. Era una más de las cosas únicas que la cantante y bailarina controlaban en Quinn y tenía que admitir que jamás le había molestado ni le molestaría. Las yemas de sus dedos buscaron el borde de su blusa y al encontrarlo se adentraron debajo de ella con delicadeza, acariciando la piel de el estomago de la castaña mientras que sus labios comenzaban a descender desde su oído hasta su cuello. No tienes idea de cuanto extrañé tu cuello. – Confesó, convirtiendo sus besos en unos más húmedos y apasionados hasta llegar a su pequeño punto de pulso debajo de la mandíbula donde succionó y pasó su lengua para dejar una de sus muy perfectas marcas en una sombra de rojo y morado.

Quinn estaba haciendo que perdiera el control por el simple hecho de estar detrás de ella, haciendo que se mordiera el labio inferior para no soltar un gemido que denotara lo excitada que la tenía con su cercanía y con sus manos sobre su cuerpo, su aliento tan cerca de su oreja, todo la hacía estremecerse completa e inevitablemente. Soltó un gemido sin poder evitarlo al sentir como besaba la parte trasera de su oreja, ese era uno de sus puntos débiles y no pudo evitar temblar un poco entre los brazos de la rubia, aquello la había excitado demasiado y la había hecho sentir demasiadas cosas como para poder ignorarlo. - ¿Solo por mis galletas? – pregunto en un susurro, aquello cambiaba un poco las cosas y Quinn con su cercanía no ayudaba a que pensara que la rubia estaba seguramente próxima a casarse al estar comprometida con alguien más, ni siquiera sus celos podían salir a la luz cuando esta besaba su cuello y la marcaba de esa manera, una marca que seguramente luego le traería problemas con Charlie pero eso era lo que menos le importaba en ese momento. – Él también te extraño a ti, todo mi cuerpo te extraño. – susurro ya completamente entregada a ella, se maldecía internamente por no poder hacer nada contra lo que sentía, por no poder resistirse pero era imposible que lo hiciera con la chica tan hermosa que tenia detrás suyo haciéndola sentir tanto. Giro la cara e intento buscar los labios, frustrándose al no poder lograrlo por la posición en la que estaban. –Quinn bésame por favor. – le rogo relamiéndose los labios mientras tiraba su trasero hacia atrás, haciendo que el mismo chocara contra la intimidad de la rubia por la posición y al notar lo que había hecho volvió a hacerlo repetidamente, de manera sensual para estimular a Quinn de la misma manera en que ella lo estaba haciendo con su propio cuerpo. 



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Just a little taste of what used to be || Faberry 

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Con la mirada escondida detrás de un par de lentes oscuros que terminó por remover de su rostro al notarse la ausencia de luz solar con el caer de la noche vagó a lo largo de la distancia del estacionamiento y hacia aquel lugar por el cual saldría la persona que había estado esperando ya más de seis años. Una suave sonrisa se posicionó sobre sus labios rosa con brillo sabor vainilla y cuando observó que la mujer de cabellos castaños luchaba con la puerta de su automóvil sacó un pañuelo de el bolsillo trasero de su pantalón para luego dar pasos lentos y callados hacia ella. Intentaba con todas sus fuerzas callar y no hacer sonido alguno que la delatara en sus planes y celebrando dentro de su mente cuando se posicionó justo detrás de ella en un par de movimientos ágiles y rápidos tapó la boca de Rachel con su mano firmemente. Quinn se preparó para esquivar algún golpe o forcejeo a la vez que intentaba colocar el pañuelo sobre los ojos de la bella morena, y su aliento salió disparado de sus pulmones al lograrlo luego de unos momentos. Sin decir palabra alguna aún guió a la ahora muda y ciega mujer unos pasos atrás hasta su propio vehículo, el cual era más amplio y cómodo, introduciendola con cuidado para que no se lastimara en el asiento trasero sin poder evitar una pequeña risa mientras realizaba sus acciones. Es el precio que pagas por negarme tus galletas. – Susurró con voz ronca y sensual en su oído después de cerrar la puerta y aflojar la fuerza en su agarre sobre la cantante y bailarina.

Se sorprendió cuando alguien la agarro de atrás y hubiera gritado si no fuese que el perfume de Quinn la golpeo por completo haciéndola saber que era ella quien estaba detrás suyo y no había de que preocuparse. No podía evitar pensar en cómo sus sentidos seguían tan prendidos a la rubia luego de que seis años hubiesen pasado, no podía evitar pensar que luego de tanto tiempo lo más normal del mundo habría sido que su cuerpo y su mente se olvidaran completamente de algo tan normal como el perfume de la rubia, por lo menos normal para todo el mundo menos para ella quien estaba totalmente atada a la rubia por un lazo invisible que estaba segura que jamás se iba a romper. – Esas galletas se las ha llevado Beth, a ti no pienso hacerte ni convidarte. – susurro moviéndose un poco sin sacarse la venda de los ojos pero igualmente acomodándose mejor sobre el asiento del auto. – Pídele a tu prometido que te haga galletas a ver si las hace más ricas que las mías. – era obvio a lo que se refería, aunque enserio estaba hablando de las galletas había dicho esa frase con un claro doble sentido. Estaba segura que el prometido de Quinn ni que se lo propusiera o quisiera conseguiría hacerla sentir lo que sentía con ella cada vez que hacían el amor. - ¿Acaso piensas secuestrarme o algo por el estilo? – pregunto con curiosidad fingida y una voz de niña buena e inocente que obviamente no era, solo para provocarla un poco mas y poder ver cuánto tardaba Quinn en sacar aquella fiera que tenia dentro y que tanto le gustaba a la morena. 



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Just a little taste of what used to be || Faberry 

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La luz del sol llegaba tenue a ella gracias a la sombra que el edificio dónde ella recargaba su espalda proveía, mientras que sus ojos verdes miraban a su automóvil estacionado frente a ella y de vez en cuando a unos cuantos metros detrás de este dónde la academia de baile de Rachel estaba. El silencio de el estacionamiento por suerte casi vacío, a excepción de un par de viejos vehículos, hacia que sus oídos percibieran cada sonido con suma nitidez. No era tan tarde, el atardecer  estaba llegando a su punto medio; Beth estaba en casa de una amiga de su escuela y su prometido seguramente trabajaría hasta tarde debido a la visita de uno de los altos mandos en la empresa por una semana entera. Al momento en que Nathan cruzó su mente la rubia agachó la mirada y hundió las manos en los bolsillos de su pantalón, sacudiendo la cabeza e intentando erradicar cualquier pizca de culpa que se anidaba en la boca de su estomago. No era su culpa, eran así como debían ser las cosas. La promesa que ella y Rachel se hicieron alguna vez en la cumbre de su amor era próspera, era duradera y Quinn siempre supo que a pesar de lo que fuera esa promesa seguía en su propio pedestal dentro de su corazón. Sí, quizás hizo mal en aceptar la propuesta de matrimonio por parte de su novio de tres años, pero había algo dentro de su pecho que no podía negarse al brillo en los ojos de aquel hombre que por primera vez desde que se vio a si misma sin Rachel la hizo olvidarse de el dolor que la invadía. Era toda una encrucijada pero si bien podía confiar en la perra que llevaba el nombre de vida sabía que todo volvería a su lugar al final. Escuchando a la distancia la puerta de el estudio alzó la mirada de nuevo, con su corazón a punto de saltar de su pecho y las mariposas listas para despegar en su estomago. Habían sido días tan sólo desde que vio nuevamente a Rachel, desde su reencuentro y mentiría si dijera que cada vez que cerraba sus ojos desde entonces no veía el rostro de esa mujer que había robado cada aliento de su alma. Observando atenta en dirección al lugar cruzando el estacionamiento al tiempo en que la noche comenzaba a ponerse en el cielo mordió su labio inferior, esperando que fuera la morocha quien salía del establecimiento y rezando por que su escondite la hiciera pasar desapercibida  después de todo, le encantaba darle sorpresas.

Estaba algo cansada, recién terminaba de dar clases y la noche anterior Charlie prácticamente no la había dejado dormir con su música a todo volumen y la visita de algunas amistades que tenían en común, gracias a ello había estado de mal humor gran parte de la mañana pero aquel mal humor desapareció en el momento que recordó a cierta rubia y la manera que esta le había coqueteado la noche anterior mientras hablaban por aquella red social. Sabía que no estaba bien lo que estaban haciendo, sabía que aquellas palabras que le había dicho a Quinn serian una provocación y esperaba que el sentido común de la rubia funcionara un poco más que el propio para que no cometieran ninguna locura aunque verdaderamente dudaba un poco de que fuera de esa manera, ambas desde el principio habían estado locas de amor y hasta ese entonces seguía sintiendo lo mismo por aquella rubia ojos color avellana que había decidido quitarle el sueño todas las noches una vez más luego de tantos años. Guardo sus pocas pertenencias en aquel casillero luego de salir de bañarse, era algo tarde y sabía que podía dejar todo allí sin ningún tipo de problema por la seguridad que poseía aquella academia que era la más prestigiosa de New York. Busco su celular y le envió un mensaje a Charlie que fuera haciendo de comer mientras ella iba de camino, estaba realmente hambrienta ese día y solo quería poder comer y dormir, ningún otro tipo de estupidez con su novia. Salió del lugar y se dirigió hacia el auto, obviando completamente si había alguien más en el estacionamiento gracias a tener su mirada puesta en la pantalla donde se mostraba una respuesta de Charlie donde le decía que si le haría de comer para que tuviera fuerza para que luego tuvieran alucinante sexo, cosa que la morena dudaba un poco debido a su estado de ánimo. Al llegar al auto guardo su celular en el bolsillo de su campera y busco sus llaves, poniéndolas en la cerradura del auto y abriéndolo para ingresar allí, frunciendo un poco el ceño al hacerlo ya que al parecer la puerta comenzaba a andar algo mal. – Estúpida puerta. – susurro haciendo fuerza para abrirla hasta que logro hacerlo.  



No hay nada mejor que un bello dibujo de tu hija 

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¿Cómo podría olvidarle?

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Entonces ya lo sabes.



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No hay nada mejor que un bello dibujo de tu hija 

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¿Cómo puedo hacer eso?

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Tu sabras, espero que no lo hayas olvidado con el paso de los años.



No hay nada mejor que un bello dibujo de tu hija 

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Oh, vamos. ¿No puedo tener al menos una? A Beth le gusta compartir…

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Tienes que ganartela si quieres una…



No hay nada mejor que un bello dibujo de tu hija 

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Será mejor que lo hagas. He extrañado tus galletas.

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Las galletas serán para ella, no para ti.



No hay nada mejor que un bello dibujo de tu hija 

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¿Estás amenazándome?

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Sigue siendo tocino y sigue siendo más delicioso que las galletas. Sobre todo mis galletas.

Tomalo como quieras.

Le llevaré a Beth de mis galletas al próximo entrenamiento y se quedara conmigo luego comiéndolas. Te aviso. 



No hay nada mejor que un bello dibujo de tu hija 

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Entonces incluso haciendo nada resultas provocadora para mi. Bien.

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… Eso es diferente. El tocino jamás será negado.

Espero por tu propia integridad fisica no verte en los próximos días.

No es diferente, de hecho las galletas son mucho más sanas y no tapan arterías, Quinn. Además que no hay que sacrificar a ningún animal para hacerlas.



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No hay nada mejor que un bello dibujo de tu hija 

shortskirtsfabray:

Eso es trampa.

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Si dejo que coma lo que quiera sería abrirle las puertas a enfermedades cómo la obesidad, y no quiero eso. Tiene que comer sano y galletas cómo esta son recompensas de vez en cuando.

No hice nada.

Habla la que desayunaba todas las mañanas con bacon…